Parece ser que el viaje en el ave Málaga-Zaragoza no era el momento adecuado para escribir este post, porque cuando solo tenía que darle al botón de «Publicar», la desconexión se apoderó de mi portátil y no se guardaron ninguna de las reflexiones que escribí.
Pero igual que en la vida, cuando algo falla, algo se borra, o algo no sale como queremos, se repite, se busca alternativa o se decide no necesitarlo.
Así que, repetimos la escritura en este caso, sobre el momento adecuado. Adecuado ¿para qué o para quién? Esas dos preguntas son la respuesta a cualquier pregunta sobre ello. ¿Se puede considerar algún momento perfecto para hacer algo? Para mí decir que «no es el momento» es una excusa más para no realizar lo que se plantea.
Lo que sí creo es que el verano es el tiempo perfecto para reflexionar sobre la vida mientras desconectamos nuestras neuronas de la intensidad del trabajo que nos atropella día a día. Si preferís parar incluso la parte emocional del cerebro y no pensar en nada, es una opción ideal que envidio de sobremanera. Mi inquietud natural hace que sea incapaz de dejar de pensar en algo. El mindfulness tan de moda hace 10 años, nunca penetró en mí como una práctica habitual. Tampoco la meditación. Confieso que cuando voy a yoga y pasamos a esa parte final en shavasana me sienta genial, pero siempre hay un pensamiento en mi mente, desde la mujer a la que le entra la tos en la sala, hasta si tengo que comprar pan después.
Todo el mundo me dice que la meditación es entrenar, y estoy segura de que será así. Prometo encontrar el momento perfecto para entrenarla. ¿Veis? Ya estoy poniendo la excusa del tiempo adecuado…
A lo que iba yo es que deberíamos ser realistas y aceptar que algo no nos apetece, no nos encaja, no estamos seguros y necesitamos más tiempo, o podemos excusarnos en que «no es el momento adecuado». La idea es ser responsables de nuestras decisiones y elecciones para ser justos con los demás, pero sobre todo para estar en paz con nosotros mismos.
Alargar situaciones en el aire o dudas nunca es una buena opción porque genera incertidumbre. Y es una palabra muy bonita pero muy puñetera: la incertidumbre genera incertidumbre. Es muy fácil contagiarse de esa sensación a todos los niveles, porque una cosa es saber que tienes que ajustar las velas constantemente hacia la dirección que marque la vida, pero otra muy distinta es no saber a dónde vas.
Así que en realidad, el viaje Málaga-Zaragoza sí era el momento perfecto para escribir este post, pero a mi cabeza no le dio para guardar el borrador y punto.
Experta en incertidumbre a nivel laboral y personal, me sitúo ya en la franja de edad en la que comienzo a alejarme de aquello que me quita la paz. Comienzo a ver todos los momentos como adecuados para hacer aquello que sienta por mí misma, por supuesto sin importar mucho lo que piensen los demás… aunque esto último siempre ha sido así. No es gratis no… Nunca la paz mental es gratis, pero no hay mejor momento que ahora para encontrarla.



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