Sin despreciar ni un segundo a nuestros padres o abuelos que vivieron lo más cruel que se puede vivir, la guerra, quería plasmar una sensación que últimamente me acecha mientras me acerco a los 40: tengo la sensación de haber vivido mucho.
Los «Early Millennials» vimos cómo una banda terrorista asesinaba a un concejal llamado Miguel Ángel Blanco por ser de un partido político que no gustaba a unos cuantos. Oíamos en la tele otros tantos atentados, y nuestros padres no eran «policías», eran «funcionarios», que era lo que teníamos que decir por si acaso lo escuchaba alguien que no debía.
Un 11 de septiembre, mientras acabábamos de comer con Matías Prats de fondo, presenciamos una película real en la que se hundían las torres gemelas de una ciudad con la que soñábamos. Nueva York quedó enterrada en cenizas, y aunque parecía lejano… yo recuerdo miedo.
Cuando recién acabamos la carrera que tanto esfuerzo costó a nuestros padres (yo diría que más que a nosotros), empezábamos a trabajar en nuestros primeros empleos con sueldos de mierda, pero que nos parecían un lujo porque entonces nos quejábamos menos que ahora. Entonces llegó la crisis de 2008… y nos despidieron. El pánico se volvió a adueñar del mundo y tuvimos que reinventarnos en emprendedores, camareras o cualquier cosa que nos sacara del pozo.
Algunos compraron casas y coches que apenas podían pagar y tuvieron que pedir ayuda a esa generación «hecha de otra pasta» que eran los abuelos o nuestros padres.
Otros, vivimos la libertad en pisos compartidos en los que continuamos con treinta y muchos.
Somos la generación con más estudios, que mejor ha vivido, sin pasar jamás hambre y siempre hemos tenido un hogar caliente donde pasar la resaca cuando llegábamos a las 7:00 am de la discoteca de moda, cuando todavía no había control de horarios en ningún bar.
Loquillo, Sabina, los Rollings e incluso los Beatles, ya no eran los primeros en la lista de los 40 principales, pero los escuchamos con atención, a veces para aprender inglés, y nos llenaron de canciones nuestra vida, mezclándose con Pont Aeri o los Back Street Boys.
Algunos de nosotros no nos creímos que la vida consistía en estudiar, trabajar y formar una familia, y nos tildaron de «rebeldes» por querer vivir viajando, disfrutando un poco más.
El mundo evolucionaba demasiado rápido, las conexiones a internet ya no ocupaban la línea telefónica, y podíamos llamar a cualquier lugar del mundo en cualquier momento con un móvil cada vez más pequeño, pero que ahora vuelve a ser grande.
Hay libros, cuentas de instagram y mil canales más en los que recordar la Nostalgia milenial y que reflejan todo a lo que sobrevivimos.
Esa sensación de haber vivido mucho me hace volver la vista atrás y pensar que no lo hemos hecho tan mal. Ahora solo veo una urgencia clara para los que tenéis hijos sobre todo: salvar el planeta. Nuestra conciencia ecológica deja bastante que desear, eso es así. Pero igual a eso le dedicamos otro post.



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