No hay duda: altas expectativas, grandes decepciones. No sé si lo dijo algún filósofo, psicóloga o alguien más, pero yo hablo por propia experiencia.
Cuando pones en algo o en alguien una ilusión en un futuro incierto que no puedes controlar, las probabilidades de que acabemos decepcionadas son más altas de lo que nos gustaría.
La razón es muy sencilla: no hay dos personas iguales, ni dos percepciones gemelas, ni tan siquiera dos ilusiones que se sientan de la misma forma.
Esperar que las personas reaccionen como nosotras lo haríamos es un error que nos cuesta entender. ¿Acaso podéis evitar ilusionaros como niñas cuando hay un viaje de por medio, un nuevo trabajo, un día importante, un nuevo amor…? ¿Podéis frenar esas fantasías de felicidad máxima llenas de expectativas de un mundo feliz?
Y cuando compartes esos sentimientos con alguien, esperas la misma intensidad, la misma respuesta a los estímulos, y ese es el gran error. Eso es lo que nos lleva a la decepción, a veces la culpa de pensar si hemos hecho algo mal incluso hiere nuestra autoestima.
Ni tus ilusiones son las suyas, ni las mías, ni la forma de vivir ese momento será igual. ¿Cómo podemos solucionar ese conflicto interior que se genera, esa decepción?
Mi truco es generar expectativas solo cuando sabes que lo puedes cumplir. Me explico: no es lo que ocurre, sino cómo lo vives. Maneja tu propia frustración si algo sale mal. Pero si algo sale bien, disfruta de ello. Celébralo. Si hay alguien que no lo percibe de la misma forma, no es tu problema. Compartir la felicidad es maravilloso, pero no somos responsables de cómo ven la vida los demás.
Me ha costado mucho manejar esto. Siempre estaba esperando que la gente reaccionara como yo lo hacía: en amistades, en amores, en trabajo…
Y es que es complicado asimilar que la gente no es como tú, que no debes esperar que hagan lo mismo.
Por eso ahora gestiono de otra forma las expectativas: las ignoro. Vivo en el momento, en el «ahora mismo» más inmediato. Disfruto del proceso de preparar un viaje, de buscar nuevos proyectos… y todo suele resultar mucho mejor.
¿Desaparecen las decepciones? Claro que no, pero como por delante hay diversión, eso que nos llevamos.
Sin poder manejar los pensamientos de los demás, suficiente tarea es saber reaccionar a nuestras propias frustraciones. Poco a poco…



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