Hablemos del miedo

Esa emoción que nos salva la vida… o nos la arruina.
Nada aterra más que no tener bajo control nuestra vida, nuestras decisiones. Y sin embargo, desconocemos que nunca lo tenemos (el control, me refiero). Esa falsa seguridad que nos da estar en nuestra casa, en nuestro trabajo de siempre o con nuestra familia no es más que una farsa en tu mente para el Universo cuyas fuerzas desconocemos y que son las que tienen ese control.

Y dirás «vaya flipada, Stream. Estás muy espiritual…». Un poco sí. Pero viviendo y experimentando todo lo que estoy pasando ahora mismo, tengo que acercarme a esas energías (si lo llamas Dios, me parece bien. Si lo llamas Universo como yo, también) porque son las que me hacen no tener miedo.

«¿Y no tienes miedo a nada, Stream?» Hoy por hoy… no. Porque todo lo que ocurre a mi alrededor, tiene un propósito. Estoy hoy, aquí, en el apartamento de Dallas escribiendo esto por una razón. La mayoría de veces no me importa esa razón, porque sé que lo descubriré más adelante.

Otras veces, cuando aparece, transformo ese sentimiento en otra cosa. Muchas veces en enfado conmigo misma si me bloquea, que a veces también me pasa, no creáis que no soy humana. Otras veces, escribo. Pero me permito perder poco el tiempo metida en esa emoción.

A lo largo de mis 41 (joder, ya 41…) me he encontrado personas bloqueadas por el miedo en todos los aspectos de la vida. Incluso cuando solo tenían un camino por recorrer, el miedo les paralizaba y transformaba sus vidas en un infierno. Hablamos a todos los niveles: laboral, sentimental, espiritual…

El recurso que más me sirve es preguntarme qué es lo peor que me puede pasar. La respuesta en la mayoría de los casos es tan sencilla como «morir».

Y aquí amig@s es donde entra esa parte espiritual. Esa parte que no entendemos muy bien, y que hasta los 40 aproximadamente todos ignoramos. ¿Qué es morir? ¿Qué me ocurrirá? ¿Dónde iré? ¿Se acabará todo? Y… ¿si se acaba de verdad? No hay nada más seguro en nuestra vida que nuestra muerte, y nada que nos una más a todos que las pocas ganas de morir. Dicho esto, lo que más miedo me da es pasar un día de mi vida sin vivir.

Que hay que pasar baches. Sí.

Que hay que llorar, meterse hostias y tropezarse 100 veces con el mismo pedrusco. Sí.

Que habrá días de vino y rosas, y otros días de vino y lamentos. Sí.

Pero que el miedo no te paralice. Sigue. Confía. Sigue caminando. Sigue viviendo.

La muerte llega seguro, pero no le des cuerda… Encárgate de vivir.

Por cierto, estoy deseando que llegue Halloween aquí… Mientras tanto, ni miedo ni sustos. A ver si lo conseguimos…

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