La omnipresencia de América

Ayer leía una quote de mi horóscopo con un mensaje que me encajó como anillo al dedo: «I’ll ghost the world for my peace. Gemini.» Viene a decir que ignoraría al mundo entero si mi paz lo requiere.

Porque sí, amig@s que estáis (o no) al otro lado de este blog, si algo he aprendido en mis (pocos) años de vida es que no hay nada más importante que la paz mental.

Os puedo hablar de inversiones y de lo importante que es mantener la salud financiera (lo haré pronto en otro post). Os puedo también aconsejar de amores, de lo dónde sí, de dónde no, de cómo casarse a los 40 o de cómo hacer de tu ex tu mejor amig@. Os puedo dar incluso un curso de venta y atención al cliente para cumplir objetivos en 6 meses. Yo diría, fíjate, que hasta os podríais sacar un master en psicología con mis conocimientos de este último año. Pero de todas las cosas que os puedo transmitir, si tenéis que elegir una que digáis «bueno, pues la Leti tenía razón», es que nada ni nadie es más importante que vuestra paz mental. Atent@s: nada ni nadie.

Me aturde la omnipresencia que desean todos los americanos y más quienes se dedican al negocio en este país. Se matan por ir a eventos donde puedan exhibir egos, joyas, vestidos, y estar presentes entre las élites de lo que sea que toque ese día.
Todos saben de todo. Todos dicen conocer a todos. Todos tienen el trabajo más importante de cada compañía. Hacerse la foto con el productor musical más famoso de todos los tiempos, recibir el premio al mejor whatevertheyinvent del país, y rodearse de los mejores manjares y puros del mundo, es como el premio a la conquista de América.

Y yo, que tengo mi tiempo y mi paz por prioridad y castigo, miro desde la distancia a estas almas tan diferentes pero tan parecidas a mí, con la certeza de que su objetivo es el mismo que el mío: vivir en paz. Pero a veces no lo distinguen… No distinguen la paz de la riqueza y la fama.

Y no les culpo, no. Aquí en América todo se desdibuja, los límites de las cosas no están claros, el bien, el mal, el Diablo juega a ser Dios y viceversa… Todo es más confuso en el Nuevo Mundo…

Por eso yo, con mi máxima de «mi paz mental por encima de todo» me atrevo a ignorar a cualquier persona que intente robarla. Venga del lado del Atlántico que venga: me niego a darle cabida.

Y sí, quizás opinéis que las cosas hay que hablarlas, que hay que empatizar con las personas que lo pasan mal, que la vida es bella y que el pájaro pinzón nos vigila a todos… mirad, sí. Por eso mismo, porque mi mejor versión soy yo con paz mental, por eso tomo esta decisión.

Me niego a la omnipresencia, todo lo contrario. Desde mi rinconcito en Dallas, protejo cada minuto del día dando cabida a lo que de verdad me importa. Y os animo a probarlo: ignorad a todas aquellas personas que alteren vuestra paz. Es el primer paso de la teoría del «LET THEM» (libro que por cierto os recomiendo 100%). Luego sigue algo como «LET ME»… que requiere más esfuerzo. Pero el primer paso, yo lo tengo controlado.

Probad, probad… y si alguna vez os he ignorado, disculpadme… Estaba preservando mi paz mental.

Probad, probad… y luego me decís.

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