En muro de Instagram, entre post de fitness, alimentación sana, horóscopos negros y de colores aparecía una publicación con un mensaje potente: «No se abandona lo que se ama».
Estaba haciendo recuento de cuántas publicaciones había hecho en 2025 y pensaba en si cerrar este rinconcillo que leéis cuatro, conmigo cinco. Pero me vino a la cabeza esa frase.
Amo escribir. Forma parte de mis herramientas terapéuticas que me mantienen con (algo de) cordura. Escribir y viajar a Nueva York sola de vez en cuando son las herramientas más eficaces que más amo, así que no voy a dejar ninguna de ellas. La primera lo estoy haciendo hoy, esta segunda semana de enero, con la sensación de que hemos dejado atrás ya las típicas listas de deseos, objetivos y promesas incumplidas. Parece que ahora, lo que se lleva es fluir y «hacer menos». Adiós productividad…como si nos sobrara.
Se establecen graves contradicciones en mi «feed» en una era digital que habla de el año de la «desconexión» mientras te vende de todo para mantenerte enganchado. Hablan del secreto de la longevidad con dispositivos que rastrean cada latido, paso, presión, molécula de oxígeno que pasa por tu sangre, de forma que rastrees a cada minuto cómo evolucionas.
Una longevidad un poco tortura, me parece a mí. Así que yo, que no me caracterizo por desconectar de mi móvil, pero que si me pongo sería capaz de vivir bajo cocoteros con una paloma mensajera que me conecte con el mundo, voy a seguir haciendo lo que amo, que me da a mí que es el secreto real de la longevidad.
Voy a seguir escribiendo sin IA ni filtro que se precie, cometiendo errores sintácticos y poniendo @ para representar ambos sexos (y que si hay más, yo ya no me meto). Me voy de nuevo a Nueva York, en una breve visita antes de volver a Dallas. Volveré a hablar sola por la ciudad que sabéis que es mi «psiquiatra» particular (y creedme que este año lo necesito más que nunca).
En la era post «Sex&the city», post «And just like that», post «Friends» y camino de «The Devil wears Prada II», no puedo dejar de pensar que la vida sería más fácil si, por el simple hecho de amar algo, no lo abandonáramos nunca. Como hago yo con Nueva York… La amo. Y lo que se ama, de verdad, en serio, no se abandona nunca.
Sobre todo, cuando se trata de amor propio… y de New York.



Deja un comentario